En la prensa española se habla este fin de semana de tres instituciones. Se habla del Rey, del Poder Judicial y de las Universidades. Mientras que al primero se alaba su poder de moderación para reconducir las fuerzas políticas y económicas hacia la senda de la negociación que alumbre un acuerdo, de las otras, la información no es precisamente positiva. El Poder judicial y, en particular, su Consejo General, vuelve a demostrar, una vez más, su politización pero, además, en una versión aún más negativa para la justicia: el corporativismo asociativo que produce el reparto de los cargos judiciales en atención a la afiliación y no a los méritos y capacidad. Mala, muy mala, noticia para la Justicia. Y, las Universidades españolas qué decir que no sepamos: no hay ninguna entre las 100 primeras del mundo. Así resulta de cualquier ranking que se maneje. La noticia nos habla de un ranking elaborado sobre la base de las páginas Web de las Universidades. En fin, más de lo mismo. España sigue profundizando en lo negativo, tal vez, la intervención del monarca podría ser un gesto de esperanza pero todo dependerá de su grado de éxito.
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
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