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Mostrando las entradas etiquetadas como ciudadanos

La izquierda no roba

El dinero no tiene ideología; no tiene, tampoco, moral. ¿Por qué ha de tenerlas? Tampoco a los martillos se les pide, ni se les exige. Al dinero, sí. Lakoff ha formulado una polémica teoría sobre los “sistemas conceptuales morales” que distinguen a progresistas y a conservadores ( Política moral: Cómo piensan progresistas y conservadores) . Ciertamente, las coordenadas son las norteamericanas, pero nos ofrece una perspectiva interesante. El dinero no tiene ni ideología ni moral, pero, en cambio, sí que es objeto de la ideología y de la moral de progresistas y de conservadores para insertarse en los discursos que les ofrecen ropajes y coberturas a sus prácticas políticas. Un ejemplo, señero, nos lo ofrece la valoración del robo del dinero público (corrupción). Para los progresistas, los conservadores se sirven de los caudales públicos para satisfacer sus intereses egoístas, mientras que ellos, en cambio, para ayudar a los necesitados. Los conservadores cultivan el latrocinio egoísta; la...

Acuerdo o desafección

Este periódico recogía ayer la opinión de 50 empresarios y altos directivos sobre qué es lo que le requieren al nuevo Gobierno. Hay tres ideas centrales: estabilidad, confianza y reformas. La estabilidad es la clave. Es la cualidad que aportaría confianza y es la condición para afrontar las reformas. El contexto económico es clave. La anunciada “desaceleración” exige un Gobierno con los adornos reclamados. Sin olvidar el reto secesionista en Cataluña, que también los necesitaría. Sin embargo, el sistema político español no está preparado para ofrecer lo que se le pide. Porque lo que se le pide es el fruto, hasta ahora, del bipartidismo y su producto estrella: la mayoría absoluta. Nos hemos acostumbrado a la estabilidad por la vía del ordeno y mando de la mayoría parlamentaria que creemos que es lo que debería de ser lo normal. No, no lo es; ya no lo es. Ni lo va a seguir siendo. El bipartidismo está muerto y, con él, las mayorías unicolores. Los ciudadanos quieren multipartidismo. Y lo...

¿Unidad sin empatía?

Nada será igual. Los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils lo cambian todo. El telón de fondo sigue siendo, por increíble que parezca, el sedicente referéndum del 1 de octubre. El Gobierno de la Nación ha aprendido, y mucho, de los errores del 11-M. Es elocuente cómo la ira de los independentistas se ha dirigido fundamentalmente contra los medios de comunicación. Los editoriales de El Mundo y El País, así como una viñeta de Peridis son sus blancos predilectos. No se puede decir lo mismo de los independentistas. Por un lado, han criticado, con ardor fanático, lo publicado en la prensa de “Madrid” (y, en menor medida en la catalana, no sea que se rompa la coherencia del discurso), como piezas de una campaña de intoxicación. Por otro, han loado, hasta la extenuación, el éxito de la policía catalana (“ya tenemos una estructura de Estado”); el papel central de Puigdemont que ha condenado a Rajoy a ser un secundario (como alegoría de que el Estado central es irrelevante e, incluso, i...

Pesimismo, "Trumpismo" y corruptos

Y, de repente, los gobernantes, descubrieron a los ciudadanos. Les miraron a los ojos y, lo que vieron, les asustó. El pánico recorrió los pasillos de las cancillerías europeas. La respuesta fue “ El libro blanco sobre el futuro de Europa ”. El Presidente de la Comisión Europea, J-C Juncker, lo presentó la pasada semana. La celebración, el próximo día 25 de marzo de 2017, de los 60 años de la firma del Tratado de Roma, el segundo de los Tratados que dio origen a la actual Unión Europea, invita a reflexionar sobre su futuro. ¿Qué futuro queremos para nosotros, para nuestros hijos y para nuestra Unión? Es la pregunta que lanza. La respuesta, son cinco opciones o escenarios posibles en el año 2025: seguir igual; retroceder; avanzar, pero sólo aquellos que así lo quieran; seleccionar áreas en las que se quiera avanzar, haciendo mejor las cosas; y, el último, los Estados Unidos de Europa. Estos ejercicios de futurología, usualmente, están condenados al fracaso. Cuando los políticos se ponen...

¿A quién le importa la corrupción?

El interrogatorio de F. Correa en el juicio de la trama Gürtel está resultando un espectáculo, y digo bien, un espectáculo terrible. La tranquilidad con la que se desgranan los acontecimientos. La confesión de la manipulación de la adjudicación de contratos de unas y otras Administraciones. La salpicadura a los Ministerios de Fomento y de Medio Ambiente. La misma expresión utilizada por el inculpado: “Los contratos que yo daba”. La frase que lo sintetiza todo. La frase de la infamia. La confesión más gráfica de lo que Correa hacía en las Administraciones. La Fiscal Concepción Sabadell, una de las fiscales del caso que ha dirigido el interrogatorio, con serenidad, pero con conocimiento, dando muestras de buen hacer, rápida, ante tamaño disparate, le preguntó si era funcionario o autoridad pública para adjudicar contratos. El interfecto, rectificó. Se refería a los contratos que “había gestionado”. El “yo profundo” de la corrupción. El “yo” de la adjudicación de los contratos, a cambio...