Hannah Arendt decía que la política es el arte de “fabricar cierta imagen” y de “hacer creer en la realidad de esa imagen”. La política se banaliza para convertirse en imagen con la que convertirse en audiencia. Esta es, nos dice el Diccionario de la Lengua española, el “número de personas que reciben un mensaje a través de cualquier medio de comunicación”. Es más un número, una cantidad que, cuanto mayor, mejor. El precio a pagar es la simplificación. Una imagen vale más que mil palabras, el viejo dicho que sigue teniendo toda su validez. Se quiere llegar al mayor número de personas, pero no quiere decir a más ciudadanos. Sin embargo, engendra mayoritariamente profundos sentimientos negativos. A los españoles, según la encuesta del CIS de junio-julio 2019, la política les suscita desconfianza (34 % de los encuestados), aburrimiento (15,8%) e indiferencia (13,3), pero también irritación (9,2%). La tentación es, entonces, la política espectáculo; la nueva adicción. Más y más, porque lo ...
Blog de Andrés Betancor. Diario de reflexiones, inquietudes y preocupaciones sobre el Derecho y el Estado