El que la demanda secesionista está tensando las costuras de la organización territorial del Estado no es un descubrimiento. Es una obviedad. Y lo es porque, no cabe duda, sus pretensiones no encajan en la Constitución; ni las de considerar que su objetivo secesionista, apoyado o no, por un sector de la población, sea un salvoconducto frente a la Ley. El secesionismo, en su pretensión rupturista, no sólo quiere romper con las reglas de la organización territorial del Estado, sino lo que es, incluso, aún más grave, con las del Estado de Derecho. Se podrá manifestar el número de descontentos que se quiera. Se podrán alegar sedicentes exigencias democráticas. Se podrá apelar al pueblo. Se podrá pretender constituir un hecho desde el que deducir una exigencia jurídica. Se podrá argumentar como si Cataluña ya fuese independiente, de modo y manera que cualquier exigencia “externa” sea reputada como colonial, autoritaria o fascista. Se podrá pretender, alegar o argumentar lo que se quiera, pe...
Blog de Andrés Betancor. Diario de reflexiones, inquietudes y preocupaciones sobre el Derecho y el Estado