Desde que, en los años 60 del siglo pasado, Daniel Bell escribiera su famoso libro sobre el fin de las ideologías, se discute sobre la tendencia de los polos ideológicos a aproximarse en una suerte de pensamiento único. Como afirma Bell, “en el mundo occidental existe un robusto consenso entre los intelectuales sobre las cuestiones políticas: la aceptación del Estado del bienestar; lo deseable de la descentralización del poder; un sistema de economía mixta y el pluralismo político. En este sentido, la era ideológica ha terminado.” En otros sentidos, no ha terminado: en el de los caminos a seguir para alcanzar los fines, incluso, los consensuados. La ideología sigue siendo una construcción teórica que cumple dos finalidades esenciales. Por un lado, una explicación de los hechos sociales y, por otro, una llamada a la acción para su transformación. El problema surge, como alertó I. Berlín, cuando esa construcción se vuelve monista: es la única explicación y es la única guía de acción. Nos...
Blog de Andrés Betancor. Diario de reflexiones, inquietudes y preocupaciones sobre el Derecho y el Estado