El fallecimiento, sorpresivo, de Rita Barberá ha causado un impacto considerable. Hay varios planos de análisis. En el político, se quiere aprovechar para “revisar” la reacción cuando un cargo público es acusado, formalmente, de corrupción. En el mediático, también el tratamiento. Y, en el social, no parece que haya provocado una reconsideración de cómo se debe actuar. Ciertamente, el fallecimiento de la persona merece respeto y suscita afecto hacia la familia. Es un ser humano. Una mínima empatía, nos hace partícipe del dolor y del sufrimiento. Se ha afirmado que la corrupción está en el ser profundo, egoísta, oportunista, de los seres humanos. Esto vendría a explicar que ha convivido con nosotros desde siempre. La corrupción es atemporal, acultural y apolítica. Se ha producido con independencia del tiempo, del lugar y de la configuración política de las naciones. Puede haber diferencias respecto de la intensidad, las características e, incluso, la extensión política y social, pero si...
Blog de Andrés Betancor. Diario de reflexiones, inquietudes y preocupaciones sobre el Derecho y el Estado