Es el término de moda: “nación de naciones”. Desde la constituyente, aparece y desaparece para permanecer en nuestro debate político. Siempre al calor de una urgencia marcada por los nacionalistas: se ofrece como fórmula para el encaje de Cataluña en el Estado español. Las palabras no son intranscendentes, ni neutras. Son artilugios esenciales del relato político. Y, como tales, no pueden ser entendidas al margen del contexto en el que se usan, ni de su funcionalidad y consecuencias. El que, desde esta perspectiva, “nación de naciones” pueda ser considerada como equivocada e inútil para solucionar la mal llamada cuestión catalana, es irrelevante. Una obviedad, es que existen Estados de Estados (caso de las Repúblicas federales como la norteamericana y la alemana); pero naciones de naciones, no las hay, ni las puede haber, salvo que juguemos con el equívoco: el significado de “nación” no es el mismo en las dos partes de la ecuación, o sea, la nación española no es igual a la nación cata...
Blog de Andrés Betancor. Diario de reflexiones, inquietudes y preocupaciones sobre el Derecho y el Estado