Rudolf von Ihering escribió en el siglo XIX que el Derecho no es un estado de reposo, sino una lucha. No era una licencia literaria, sino una descripción descarnada de la realidad institucional: el orden jurídico solo existe mientras haya una voluntad activa de defenderlo frente a la tendencia natural del poder a expandirse. Cuando esa voluntad se debilita, el Derecho no desaparece formalmente, pero se vacía. La normalidad democrática no se rompe con un estruendo; se desgasta en silencio, habituándose a pequeñas excepciones y terminando por llamar “prudencia” a lo que es una renuncia deliberada al control. En España, esa lucha tuvo un hito fundacional en la obra de Eduardo García de Enterría y su combate contra las “inmunidades del poder”. Aquel esfuerzo intelectual y doctrinal permitió transitar de un sistema de súbditos a uno de ciudadanos, construyendo un Derecho administrativo pensado no para proteger a la Administración, sino para someterla al imperio de la ley. De esa conquista n...
Blog de Andrés Betancor. Diario de reflexiones, inquietudes y preocupaciones sobre el Derecho y el Estado