He leido la entrevista publicada en El Mundo al filosofo francés André Comte-Sponville. Se declara "liberal de izquierdas". Afirma que "ser liberal de izquierdas significa rechazar dos errores: que el Estado crea riqueza y que el mercado es capaz de generar justicia". La lógica consecuencia a esta afirmación es la de que el Estado genera justicia y el mercado crea riqueza. Estado es igual a justicia y el mercado igual a riqueza. Es correcto pero incompleto. Falta algo. El Estado no es la única fuente de justicia, también puede proceder del mercado, pero también el mercado no es la única fuente de riqueza, también puede proceder del Estado. El mercado puede ser fuente de justicia desde el momento en que se basa en las libertades. No es una hipótesis absurda creer en la posibilidad de que el mercado, con los incentivos adecuados, puede producir un resultado más justo que el producido autoritariamente por el Estado. Estoy pensando, por ejemplo, en ciertos mercados, como el de derechos de emisión, que debidamente estructurado puede producir un resultado más justo (en términos de reparto de la carga de la reducción de las emisiones) que la imposición autoritaria de ciertas limitaciones. A su vez, el Estado puede ser fuente de riqueza en ciertas circunstancias incluso más eficiente que el mercado. Estoy pensando en supuestos como la industria de la defensa o la gestión de ciertos monopolios naturales donde el papel del Estado no es la de merca comparsa sino actor esencial de la generación de la riqueza. También, por ejempo, las políticas activas relacionadas con el I+D. En definitiva, me parece una frase, la que comento, genial por simple y de una potencia gráfica extraordinaria. Sin embargo, es incompleta. Creo que lo más adecuado habría sido que el Estado debe limitarse a las fronteras de lo estrictamente indispensable cuando la sociedad, organizada como mercado o de cualquier otra forma, no sea capaz de ofrecer una gestión-solución eficaz y eficiente. El Estado como residuo pero también como alternativa, en lo estrictamente indispensable, a lo que la sociedad puede hacer. En esta tensión Estado-poder/Sociedad-libertad, creo que la primacía debe ser reconocida a esta última. Sólo cuando esta falle, el poder del Estado debe hacer acto de presencia.
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
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