La juez O’Connor en la Sentencia del Tribunal Supremo norteamericano New York v. United States (505 U.S. 144, 181-82, 1992) proclamó que “la Constitución no protege la soberanía de los Estados para el beneficio de los Estados o el gobierno de los Estados como entidades políticas abstractas” sino para la “protección de los ciudadanos individuales”. Me parece interesante este punto de vista. El Federalismo existe para proteger los derechos de los ciudadanos, no los de los Estados como tales entidades abstractas. Es un mecanismo de protección porque divide y aproxima el poder a los ciudadanos. Por esta razón, entiendo que el federalismo y el nacionalismo son antitéticos. Y, además, convierte el federalismo en una medicina inadecuada para solventar el problema nacionalista. Además, la presión nacionalista está impulsando un proceso de reforma del Estado que podría ser el mejor escenario para sus pretensiones pero sería el peor para aquellos que no las compartimos. Esta es la paradoja: nuestro Estado se federaliza cada vez más bajo el impulso de los nacionalistas que nunca se sentirán satisfechos porque su objetivo es la independencia, pero al mismo tiempo se convierte en un Estado cada vez más incomodo (ingobernable) para aquellos que no compartimos los objetivos de aquellos. La nave está gobernada por aquellos que la conducen a los acantilados. Es hora de pensar en los pasajeros.
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
Comentarios
Publicar un comentario