La singularidad catalana tiene múltiples vertientes. Una de ellas es el peso que se le reconoce a la Iglesia y, en particular, al Abad de Monserrat. En una reciente entrevista, que se publica con periodicidad anual, el Abad habla de lo que observa (palabra reiterada en múltiples ocasiones) e, incluso, el monasterio es calificado como "Observatorio" de la sociedad catalana. Este observador desde su observatorio no es un observador neutral sino que es un custodio de la identidad catalana, de la defensa de esa identidad, como nacionalistas e independentistas, según se reconoce. Un observador-custodio que no es neutral, sino parcial porque está comprometido, lo que resulta extraño en otros lares a las labores pastorales, con una lucha política que observa como mayoritaria. Esta posición auto-atribuida es lo que le permite valorar al Presidente de la Generalita, al Govern, la política, ... y asumir reivindicaciones e, incluso, ciertas formas de exteriorizarlas. La originalidad catalana tiene unos representantes que expresan opiniones que en otros lugares sería inadmisible. En otros lugares sólo se le pide a la Iglesia que se dedique a ser Iglesia.
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
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