En España estamos asistiendo, en los últimos tiempos, a un interesante debate sobre el porqué hemos sufrido la crisis económica, social, política e institucional, y sobre todo, quiénes son los culpables. Es inevitable: no hay redención sin culpa y sin culpables. Es el aciago espectáculo de, por un lado, los millones de ciudadanos que están en paro y sufriendo las consecuencias de la pobreza, y, por otro, de los casos de corrupción que no dejan de menguar. Según los últimos datos, casi 1.700 causas abiertas en los diferentes Tribunales, más de 500 imputados y sólo una veintena cumpliendo condena en alguna de las cárceles del territorio nacional. Y surge el caso Edu, también en Andalucía, con una cifra detraída ilegalmente, según las estimaciones periodísticas, de más de 2.000 millones de euros. Una primera respuesta es la tesis de las élites extractivas de Acemoglu y Robinson, difundida con éxito, entre nosotros, por César Molinas. En los últimos días, mi colega y amigo, Benito Arruñ...