Desde que Orwell acuñara el término “neolengua” en su libro “1984”, ésta se ha convertido en una palabra recurrente con la que identificar a la lengua del poder. Según Orwell, la “neolengua” era la lengua oficial, creada para servir a las necesidades ideológicas del poder. Una creación artificial. El cómo se producía dicho servicio era bien claro: servir a las conveniencias de comunicación, como todas las lenguas, pero con una finalidad política determinada: la de ocultar la realidad, cuando fuera preciso, tanto como la de proclamar o expresar otra realidad, cuando fuera, igualmente, imperioso, siempre según las exigencias del poder. La izquierda ha utilizado profusamente esta expresión. En su crítica del capitalismo, ha denunciado la neolengua del “sistema”, cuyos efectos “perversos” aquélla oculta. Una de las vías de manipulación de las clases populares. Y los medios de comunicación, su canal de difusión. Si Pablo Iglesias, expresión quintaesencial de las izquierdas más radicales, d...
Blog de Andrés Betancor. Diario de reflexiones, inquietudes y preocupaciones sobre el Derecho y el Estado