La frivolidad se ha instalado en la vida política española. Cuanto más adversas son las circunstancias en las que vivimos más ha de reinar la frivolidad. Es una manera de evasión cívica que creo dura poco. Los ciudadanos no estamos para frivolidades como las que se nos propone a diestro y siniestro cuando nos acucian problemas de suma gravedad. Las frivolidades se han de dejar para los momentos de vacas gordas. Ahora no es el momento. Esto viene a cuento de la importancia que se le está dando a unas estúpidas palabras del Alcalde de Valladolid. Unos se empeñan en alargar un culebrón que no tiene ningún recorrido ciudadano. Ni se calmará con una supuesta condena penal. Nada sacia, según parece, a unas palabras de bar pronunciadas con enorme ligereza. Se ha disculpado, ha sido condenado y se ha vuelto a disculpar. Se debe acabar porque lo que está en juego, una vez más, es la sintonía ciudadana con sus políticos. Cuantas más estupideces se dicen (y no me refiero a las susodichas palabras...
Blog de Andrés Betancor. Diario de reflexiones, inquietudes y preocupaciones sobre el Derecho y el Estado