La frivolidad se ha instalado en la vida política española. Cuanto más adversas son las circunstancias en las que vivimos más ha de reinar la frivolidad. Es una manera de evasión cívica que creo dura poco. Los ciudadanos no estamos para frivolidades como las que se nos propone a diestro y siniestro cuando nos acucian problemas de suma gravedad. Las frivolidades se han de dejar para los momentos de vacas gordas. Ahora no es el momento. Esto viene a cuento de la importancia que se le está dando a unas estúpidas palabras del Alcalde de Valladolid. Unos se empeñan en alargar un culebrón que no tiene ningún recorrido ciudadano. Ni se calmará con una supuesta condena penal. Nada sacia, según parece, a unas palabras de bar pronunciadas con enorme ligereza. Se ha disculpado, ha sido condenado y se ha vuelto a disculpar. Se debe acabar porque lo que está en juego, una vez más, es la sintonía ciudadana con sus políticos. Cuantas más estupideces se dicen (y no me refiero a las susodichas palabras) más alejados se colocarán los ciudadanos de los políticos-partidistas. Los parti-políticos no son aquellos políticos que participan en una fiesta sino aquellos que se entregan con fervor (irracional) a la disciplina del partido hasta sacrificar cualquier cosa, todas las cosas, incluidas las prioridades ciudadanas. También me parece una friovilidad las palabras de algunos empresarios que proponen como sedicente solución a la crisis el despido de los funcionarios. Si esta fuera una solución, que se adopte inmediatamente. Sabemos que no es la solución. Suena más a venganza. La venganza de aquél que no puede aspirar a disfrutar de unas enormes seguridades cuando reina la inseguridad. Y como tal venganza, aquellos que la proponen se entrega al populismo y a la demagogia. Es irónico que la solución al desempleo en el España sea despedir a los funcionarios. Es irónico. En fin, cuanto más se frivolice menos se hablará de lo realmente importante y cuanto menos se hable de lo importante, más se alejarán los ciudadanos de sus parti-políticos.
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
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