Max Weber afirmaba que uno de los pecados capitales de los políticos es el de la vanidad; “la vanidosa complacencia del sentimiento del poder” porque el poder es adorado por lo que es, sin más, para el disfrute del vanidoso. El poder es el Estado. La política es la acción del Estado (política de Estado) y la que hace de la política del Estado su objeto (política de partidos). El Estado es el centro del poder y la política tiene en el poder su objeto principal. Es el gran instrumento de transformación; porque sólo él tiene la capacidad de imponerse. Ni el liberalismo lo desconoce cuando mantiene una ambivalencia calculada. Critica al Estado y al poder, como opresor de la libertad, tanto como los necesita, precisamente, para proteger a la libertad. No hay libertad sin Estado, es el terrible desiderátum histórico al que hemos llegado. Nos lo vuelve a recordar Acemoglou y Robinson, en su último libro “ El pasillo estrecho. Estados, sociedades y cómo alcanzar la libertad ”. Nos habla del di...
Blog de Andrés Betancor. Diario de reflexiones, inquietudes y preocupaciones sobre el Derecho y el Estado