Sexo y dinero, la pareja de éxito. El macho y el supermacho, el poder, el máximo, el supremo poder: el poder sobre el dinero, sobre el mega-hiper-super dinero. El transfondo de una de las mayores estafas, la de Kerviel, tenía, cómo no, un transfondo hormonal: ¡¡¡las hormonas masculinas del protagonista!!! Sin embargo, para que Kerviel pudiera poner encima de la mesa la gónadas para su solaz disfrute tenía que contar con la complacencia de un "sistema" que asistía, entusiasmado, a tanto espectáculo porque también le "daba gusto" a los demás, al Banco y a sus directivos. El problema surgió cuando tanto solaz se convirtió en un gran agujero perdiendo sus atributos masculinos, convirtiéndose en otro femenino. Esta es la tragedia: la transexualidad del escandalo. Cómo el masculino se convirtió en femenino, lo que disgustó profundamente al banco y sus directivos. ¡¡¡Qué pena!!! Es tan absurdo que hay que tomárselo como es: una muestra más del descontrol, falta de realidad...