El nacionalismo catalán no sólo se precipita por el abismo político sino por el del sentido común. Si la capacidad de análisis sólo le permite llegar a estas afirmaciones (Homs dice que el principal motivo del Rey para abdicar 'es mantener el negocio familiar' | Cataluña | EL MUNDO) cobra pleno sentido todo lo que estamos viendo, o sea, el sinsentido de lo que estamos sufriendo. Y así lo afirma el portazo del Govern de la Generalitat de Cataluña. Toma ya. ¿Cómo puede dar lecciones de democracia aquél que no entiende ni las reglas básicas del Estado democrático de Derecho? Perplejo se queda uno. No sólo no apoyan la proclamación del nuevo Rey sino que además lo insultan y nos insultan a todos los demás. Tan complicado es de entender que el Estado de Derecho es Estado de Derecho porque está gobernado por reglas que son expresión democrática y por medios democráticos de la soberanía popular. Cuando estos principios básicos se desconocen es porque se cree en la autocracia, en la tiranía, en la dictadura, ... en el Estado gobernado por la voluntad de los gobernantes, o sea, por individuos como el autor de esta frase. El tiempo va colocando a cada uno en su sitio. Y algunos tienen reservado uno destacado en el del sinsentido y la estupidez.
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
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