Rudolf von Ihering escribió en el siglo XIX que el Derecho no es un estado de reposo, sino una lucha. No era una licencia literaria, sino una descripción descarnada de la realidad institucional: el orden jurídico solo existe mientras haya una voluntad activa de defenderlo frente a la tendencia natural del poder a expandirse. Cuando esa voluntad se debilita, el Derecho no desaparece formalmente, pero se vacía. La normalidad democrática no se rompe con un estruendo; se desgasta en silencio, habituándose a pequeñas excepciones y terminando por llamar “prudencia” a lo que es una renuncia deliberada al control. En España, esa lucha tuvo un hito fundacional en la obra de Eduardo García de Enterría y su combate contra las “inmunidades del poder”. Aquel esfuerzo intelectual y doctrinal permitió transitar de un sistema de súbditos a uno de ciudadanos, construyendo un Derecho administrativo pensado no para proteger a la Administración, sino para someterla al imperio de la ley. De esa conquista n...
Hace seis meses, en junio de este año, un grupo de juristas y profesionales de la sociedad civil presentamos en la Fundación Rafael del Pino el Memorial por la recuperación de la normalidad democrática. En aquel texto, advertíamos de que España llevaba demasiado tiempo instalada en un «modo excepcional» que amenazaba con convertirse en costumbre. Alertábamos de una institucionalidad fatigada y de un riesgo cierto de regresión en la calidad de nuestro Estado de Derecho. Hoy, al cerrar este 2025, la relectura de aquel diagnóstico confirma que la advertencia se ha materializado. La patología, lejos de remitir, se ha hecho sistémica. Para comprender la gravedad del momento, debemos evaluarlo bajo el canon del Estado democrático de Derecho, el Estado de nuestra Constitución. El resultado de este examen arroja la imagen de una triple quiebra —del Legislativo, del Judicial y de la propia Nación— provocada por una concepción del poder que ha sustituido el interés general por la mera superviven...