Uno de los requisitos imprescindibles para salir de la crisis es la confianza. La confianza que suscita el que esta llamado a liderar la nación. La prueba definitiva nos la ofrece lo sucedido durante la crisis del 29 en Estados Unidos. Como afirmara Rexford Tugwell, el economista de la Universidad de Columbia que lideró el equipo económico del Presidente Roosevelt, "practically the whole New Deal was extrapolated from programs that Hoover started." Que existieron diferencias entre la Administración republicana de Hoover y la demócrata de Roosevelt es evidente pero menores de lo que se considera comúnmente una vez comenzada la crisis económica. En este punto existe una línea de continuidad como nos dice Tugwell. La gran diferencia no están en las medidas sino en la credibilidad del encargado de llevarlas a cabo. Hoover ya no era creíble después de su sucesivos tropiezos y su incapacidad de reconducir la situación. Fue Roosevelt el que pudo aplicarlas con una extraordinaria capacidad para la esperanza. Esta es la diferencia: la credibilidad es el corazón de la esperanza. Cuando aquella falla, la desesperación es la consecuencia. Un periódico de tirada nacional (el diario El país) ha publicado una encuesta en el día de hoy, 6 de junio, que un 86 por 100 de los españoles desconfían del Presidente del Gobierno. Un porcentaje muy importante que nos alerta que mientras no se cumpla con el requisito que hemos comentado, España no saldrá de la crisis. Mientras España no cuente con un Presidente que suscite la credibilidad entre los españoles, se repetirá lo sucededido en Estados Unidos con el Presidente Hoover. España, más que nunca, necesita un Roosevelt capaz de combinar confianza y credibilidad. La crisis, en caso contrario, se prolongará, tanto como la desesperación entre los españoles.
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
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