Ayer domingo, Jordi Soler publicaba un interesante artículo en el diario El País titulado el relato catalán. Es importante no sólo por lo que dice sino por quién lo dice. Un catalán que se reivindica como tal amparado en su propia historia familiar critica la distancia que hay entre la Cataluña oficial o política y la real. Aquélla ha construido un relato de la realidad basado en el nacionalismo que entra en conflicto con la realidad de un país que vive en un escenario donde la inmigración, el multiculturalismo y la globalidad han creado otra Cataluña. El nacionalismo se basa en un mito, el del pueblo distinto de otro que es aquél que lo oprime. En el presente de Cataluña el mito es aún más mito y, sobre todo, capado de cualquier capacidad de re-crear una realidad para la movilización. Otro elemento que construye este mito es algo que apuntaba hace algunas fechas Cesar García Muñoz en un artículo que publicó en el diario El Mundo sobre el clasismo del nacionalismo catalán. Este argumentaba, a mi juicio de manera convincente, que el nacionalismo catalán es un nacionalismo de clase, no es un nacionalismo popular como el que se puede observar en otros lugares del mundo. Esta combinación convierte el nacionalismo catalán en nacionalismo de clase re-mitológico. Es razonable la crítica de Soler a la Cataluña oficial doblemente alejada de la sociedad catalana actual.
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
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