Comienza la aventura. Una aventura que nace con unas ideas muy claras: volcar en este blog mis opiniones pero también las fuentes que utilizo al hilo de las columnas que he publicado en el diario económico Expansión. Son opiniones personales pero comprometidas con la idea de la libertad en todas sus manifestaciones pero, sobre todo, en los ámbitos de la economía y del medio ambiente. Ciertamente, son las opiniones de un profesor de Derecho público. Por lo tanto, la regulación será uno de los hilos conductores necesarios de este blog. Será un blog de regulación en los campos de la economía y del medio ambiente. Dos campos que, para mí, son las dos caras de la misma moneda. Espero que estas ideas sean útiles para todos los que están interesados en estas cuestiones.
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
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