Después de tanto subterfugio, ya tenemos aprobado el trasvase a Cataluña (Real Decreto Ley 3/2008). En mi artículo de Expansión de esta semana comentaba, antes de la publicación de este RDL, la posibilidad de que se llevase a cabo el trasvase sin someter a evaluación de impacto ambiental. En efecto, el RDL excluye de EIA el proyecto de trasvase alegando la urgencia. A mi me parece criticable. Por un lado, es una urgencia inducida por la incompetencia de las autoridades administrativas y, por otro, que existe la posibilidad de la tramitación de urgencia. La EIA es capital, a mi juicio, cuando se trata de una infraestructura como la que se autoriza (una conducción de más de 60 Km). Se produce la paradoja, terrible, que el denostado Plan Hidrológico Nacional sometía todas sus infraestructuras a EIA y ahora, los que criticaron aquel plan por ser ambientalmente insostenible, pretenden construir infraestructuras de trasvase pero sin EIA. ¡¡Qué tiene la política que la hace incompatible con el sentido común!!
En el momento presente con la corrupción como uno de los grandes protagonistas, uno de los temas de debate es el relativo a su fuente, su origen, al menos, psicológico. Dos palabras aparecen como recurrentes: avaricia y codicia. Son palabras muy próximas en su significado pero distintas. Según el Diccionario de la Lengua española, avaricia es el "afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas". En cambio, codicia es el "afán excesivo de riquezas." En ambos casos, se tratan de afanes, deseos, impulsos que tienen por objeto las riquezas. Las diferencias se sitúan, en primer lugar, en el cómo se hacen realidad tales impulsos. En el caso de la avaricia, es un deseo "desordenado". En cambio, de la codicia nada se dice, sólo que es "excesivo". Sin embargo, también el exceso está presente en la avaricia. Es más, se podría decir que el afán desordenado es, en sí mismo, un exceso. Así como también lo es el deseo de atesorarlas. En e...
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